sábado, 29 de septiembre de 2012

But the heat will come from other arms.



Y otra vez vuelve el frío. Y con él, vuelven las continuas tardes de lluvia, esas tardes que pasas en casa con una manta, una película de amor, o canciones que te hacen llorar. Esas tardes en las que te gustaría tener a alguien que te hiciese compañía, alguien con quien la lluvia no resultase tan melancólica, con quien compartir el sofá, o simplemente con quien pasar el frío. Tardes en las que tienes todo el tiempo para pensar, y puedes pensar en cualquier cosa pero, normalmente, solo piensas en una: en él.
Y te acuerdas de las noches que pasabais hablando, de cuando le decías que se quedase un rato más, de cuando te quedabas hasta que le entrase el sueño. También recuerdas como ambos os reíais, las noches en las que preferías quedarte abrazándole a dormir, y piensas en que echas de menos ese calor, o la simple sensación de tener su cuerpo a tu lado. Te acuerdas de como con una caricia hacía que te estremecieses, y de cuanto te gustaba que te rodease con el brazo. También llegas a echar de menos las discusiones que teníais, por absurdas que fueran. Y cuando lo piensas, te das cuenta de que eso ya no va a volver. Te das cuenta de que muchas veces al acostarte, desearías estar abrazándole toda la noche. Y de que ahora buscarás el calor en los abrigos, las bufandas, las mantas, e incluso en las cosas calientes, pero que ningún calor te abrigará tanto como el que él te daba.



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