Es ese jodido vicio que tengo de querer tener tus labios pegados a los míos. Esa sensación, ese sentimiento de deseo, esa llama interna que aparece cada vez que hacemos un viaje al cielo entre los dos sin movernos de la habitación. Y lo cierto es que todo se ve mejor cuando el sol se esfuma, y solamente me iluminan tus pupilas, tu sonrisa y las estrellas. Puedo verlo en tus ojos, ese fuego. Esa forma lenta que tienes de hacerme morir, de consumirme tan lentamente. Pero pronto encuentro la solución a esa agonía que resulta tan lujuriosa y excitante, cobro vida cada vez que te rozo. Pruébame, bébete mi alma. Enséñame todo lo que no sé, todas esas cosas de las que solamente es testigo la luna, el colchón, y nosotros. Es entonces cuando empiezo a estremecerme, a mimetizarme, y me doy cuenta de que le pertenezco, de que le pertenecemos. A ella. A la oscuridad de la noche. Y de repente pierdo los estribos completa e irrefrenablemente. Me comporto como un animal salvaje en plena naturaleza, buscando una forma de saciar la sed que tengo de ti, de tu cuerpo. Y nos cubrimos de vicios. Sucios y placenteros vicios. Ahogando suspiros, gemidos, respirando esa manera plena en la que nos dejamos llevar por el placer, perdiendo el raciocinio, gritando todos nuestros secretos, cometiendo todos esos pecados que algún día juramos no cometer, fundiéndonos en una sola persona, recorriendo cada recoveco de nuestros cuerpos y memorizándolos con las yemas de los dedos, perdiéndonos entre las sabanas y dejando la pasión marcada en nuestras pieles y nuestros corazones. Comprendo que nos espera quizás un viaje de ida al infierno, paraíso para los pecadores. Y entonces caigo en la cuenta de que a partir de esta noche no habrá remordimientos, arrepentimientos o inhibiciones. Simplemente tú. Siemplemente tú y yo. Tu cuerpo. Mi cuerpo. Nuestros cuerpos.
viernes, 17 de mayo de 2013
jueves, 16 de mayo de 2013
Something in the way you move makes me feel like I can't live without you.
Eres complicado. A veces resultas tan amargo como el café de por las mañanas, sin azúcar, y además tienes un olor más embriagador aún. Otras veces eres dulce, aunque sea con ese mínimo de dulzura que todo el mundo necesita de vez en cuando. Te asemejas a los dientes de león. Tú eres más bonito, pero te esfumas con un simple soplo. Puedes resultar volátil como un gas, o reconfortante, como ese calor que puede respirarse en lo que llamamos "hogar, dulce hogar". Tan pronto sonríes y sacas la lengua como un niño de esa forma pilla que suele gustarme tanto, como tan pronto me resulta incómodo mirarte porque estás enfadado. Puedes robarme un puñado de sonrisas y unos cuantos "te quiero" con alguna cosa que me escribas, como de pronto me sacas las lágrimas y me haces sentirme mal conmigo mismo durante el tiempo que tú decides sentirte molesto. Puedo tenerte muy cerca de mí y aún así sentir que estás lejos, o sentir que no quiero ni ropa ni aire entre nosotros dos. Desde luego sabes como hacerme desenfadar, conoces todos y cada uno de mis puntos débiles. Aunque sería más correcto decir que todos mis puntos se vuelven débiles cuando se trata de ti. Ambos podemos sacar lo peor de cada uno, pero sin duda lo mejor es lo que sale solo, con el simple detalle de tenerte a mi lado. Y al margen de nuestras complicaciones, te quiero. Te quiero algunas veces, y otras también.
Sparks.
Que raro. Otra vez estoy pensando en ti. Pensando a que juego estás jugando, a que estamos jugando esta vez. Preguntándome si hay algo que te hace pensar en mí, si sonríes cuando me nombran, o si en algún momento la nostalgia lleva escrito mi nombre y te hace echarme de menos. Acordándome de tus manos y la manera que tienen de acariciarme, que despierta tantos escalofríos. De como tus labios y tu sonrisa crean esa atracción a la que ambos siempre terminamos sucumbiendo. Y es entonces cuando caigo en las ganas que tengo de darte un beso. Uno tras otro. En las ganas que tengo de guardarme en la fortaleza de tus abrazos, o de refugiarme en esa cálida sonrisa. Siento que se me humedecen los ojos, y es entonces cuando me prometo que se acabó, que ya no quiero seguir jugando. Pero como siempre, sigues rompiéndome los esquemas. Sigo teniendo esa mezcla de emociones cuando hablo de ti. Y entonces comprendo que toda mi fuerza y todas mis ganas de tenerte, de besarte, todas mis ganas de ti se plasman en estas palabras. Y entiendo que es muy difícil que esto se apague, o que nuestras fuerzas se desvanezcan del todo algún día. Comprendo que puede que solo se dormirán. Por mucho que queramos no podremos olvidarnos, será imposible no acordarnos el uno del otro, y nos acabaremos echando de menos tarde o temprano. Somos polos opuestos, sí. Pero con una fuerte atracción. Y quizás esto nos duela de vez en cuando, pero nos hará felices muchas otras veces.
lunes, 13 de mayo de 2013
Sometimes it seems that you are gone.
Tú. Tú y tus detalles. Me gustan. Me gustáis. Me encanta estar contigo, que me acaricies, me hagas reír, me abraces, sobre todo si es por la espalda, y que me beses. Pero siento que un día me quieres y me lo demuestras, que otros simplemente me quieres, o ni una cosa ni la otra. Y yo te quiero todos los días, cuando te pones como te pones puedo pensar que eres idiota porque me duele, y me duele porque te quiero. Te quiero enfadado, sin enfadar, borde o no, en tu cama o en la mía, en la calle y en casa. Me gusta darte la mano, darte besos, hacerte sonreír, que te refugies en mí y que te abras conmigo. Pero necesito que me demuestres que me quieres más a menudo... No te pido los siete días de la semana, pero al menos cuando estés conmigo. Tengo besos guardados para ti, abrazos, mimos, susurros y lágrimas, también para ti. Y no puedo ver como otros me superan y pensar en el perderte. Y no necesito una fecha ni nada por el estilo, nada. Pero quiero estar contigo, y que las cosas cambien. Me haces feliz, pero también me pones triste. Y me gustaría que me hicieses feliz y fueses más calido, más veces de las que lloro por ti, por quererte. No te prometo un final de cuento, pero creo que te conozco más que nadie. Nos perdimos, y volviste. Has vuelto, y cuando creo que te tengo te pierdo. Y creo que aunque no esté empleando esas dos palabras y esas ocho letras, lo sabes. Sabes que te quiero, y que voy a decírtelo sin miedo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

