Que raro. Otra vez estoy pensando en ti. Pensando a que juego estás jugando, a que estamos jugando esta vez. Preguntándome si hay algo que te hace pensar en mí, si sonríes cuando me nombran, o si en algún momento la nostalgia lleva escrito mi nombre y te hace echarme de menos. Acordándome de tus manos y la manera que tienen de acariciarme, que despierta tantos escalofríos. De como tus labios y tu sonrisa crean esa atracción a la que ambos siempre terminamos sucumbiendo. Y es entonces cuando caigo en las ganas que tengo de darte un beso. Uno tras otro. En las ganas que tengo de guardarme en la fortaleza de tus abrazos, o de refugiarme en esa cálida sonrisa. Siento que se me humedecen los ojos, y es entonces cuando me prometo que se acabó, que ya no quiero seguir jugando. Pero como siempre, sigues rompiéndome los esquemas. Sigo teniendo esa mezcla de emociones cuando hablo de ti. Y entonces comprendo que toda mi fuerza y todas mis ganas de tenerte, de besarte, todas mis ganas de ti se plasman en estas palabras. Y entiendo que es muy difícil que esto se apague, o que nuestras fuerzas se desvanezcan del todo algún día. Comprendo que puede que solo se dormirán. Por mucho que queramos no podremos olvidarnos, será imposible no acordarnos el uno del otro, y nos acabaremos echando de menos tarde o temprano. Somos polos opuestos, sí. Pero con una fuerte atracción. Y quizás esto nos duela de vez en cuando, pero nos hará felices muchas otras veces.
No hay comentarios:
Publicar un comentario